Pensamientos, Varios

El amor en los tiempos del CORONA VIRUS

Hace más de 15 años cuando me encontraba al inicio de mi vida profesional, llevaba trabajando unos 4 años desde que me gradué como ingeniero y casi 8 años desde mi primer trabajo, allá por esos tiempos cuando la vida me dio una de mis primeras lecciones, “era necesario colaborar con la familia por el bien de todos”, así fue como empecé a trabajar para ayudarme a mí primero pagando la universidad y a mi familia siendo un gasto menos del cual preocuparse.

Si bien he sido disruptivo desde que he nacido, esa es otra historia que algún día la contaré, mi deseo siempre fue estar cerca de la gente que amo, ver su día a día y no vender mi alma por unos pesos, así que cuando empecé a trabajar lo hice con la firme intención de trabajar no más de 10 años antes de emprender algo que me permita estar cerca de quienes amo y pueda ser partícipe de su día a día.

Muchos de mis pensamientos, de mis sueños, no incluían que yo tenía una reducida inteligencia emocional y que, además de eso tenía enormes deficiencias en el relacionamiento interpersonal, no podía soportar la estupidez humana sin ponerla en evidencia, la corrupción, lo deshonesto, lo que no estaba bien, no podía ver a un imbécil actuando como un genio sin desnudar su estupidez, así que eso no era un buen indicio, eso me llevó a rotar y cambiar de trabajos, casi tan rápido como me había mudado de casa  un total 23 veces en los 28 años que tenía de vida en ese momento y los 5 diferentes trabajos que tuve en esos últimos 4 años.

En ese momento el destino había decidido darme uno de mis mayores regalos, iba a ser papá, así que me dije a mí mismo es momento de empezar a hacer realidad ese plan que tenía de ver de cerca la vida y disfrutarla, sin descuidar lo importante.

Comencé a trabajar en casa, comencé a ser un papá cercano, de esos que tenía que turnarse junto con la mamá, quién hacia qué, por ejemplo, yo la bañaba, le daba de comer y la veía algunas horas al día para que su mamá pueda y tenga tiempo de hacer sus cosas, de seguir con su vida ya que era responsabilidad de ambos ser los padres que esa niña necesitaba.

También tenía tiempo de hacer llamadas a mis amigos para preguntarles cómo estaban y conversar con ellos, saber de sus vidas, aconsejarlos cuando así me lo pedían, podía hablar con mi hermano, incluso pedirle que me ayude en sus ratos libres y compartir con él algo más de tiempo.

Fui testigo de la primera palabra de mi hija, aquel famoso e inolvidable “papapa” o junto a su mamá vimos como ella atravesó caminando sola todo el pasillo de aquel departamento dónde vivíamos en ese tiempo.

La vida no es estática es dinámica y como dice una de mis teorías académicas favoritas, “Nada es absoluto, todo es relativo”, la vida me alejó algo de mi hija, me llevó a recorrer otros caminos que tenía que seguir. En ese nuevo lugar, por primera vez tuve la madurez, el tiempo y el conocimiento necesario para poder conversar y entender la vida de dos personas que habían estado siempre presentes, pero conocía tan poco, tuve la fortuna de acompañar a mis dos abuelos en sus dos últimos años de vida, aprendí tanto, de muchas cosas, descubrí el placer de la jardinería, encontré un pasatiempo hermoso, el de cuidar plantas, aprendí a caminar mucho, en ese tiempo mi economía era muy mala, era parte del precio a pagar por tener todo lo otro que en ese momento tenía, por tener cerca a las personas que amo y por ver sus vidas y aprender de ellas.

El tiempo siguió pasando, yo seguía pasando la mayor parte de mi tiempo en casa, aprendiendo, más recetas de cocina y de repostería, comencé a leer historias muy bellas que mi abuelo me recomendaba, ahí vi la historia de una de una viuda y de cómo vio el cuerpo destrozado, colgado e inerte de su marido un 21 de julio de 1946, esa fue la que más me impactó porque en las palabras de esa mujer vi amor real, porque sentí todo lo difícil que fue para ella esa experiencia.

Aprendí a ver estrellas en las noches que solía salir al patio cuando todo estaba obscuro y veía con esperanza lo que ese cielo me mostraba, inmensidad y misterio.

Comencé a estudiar sobre los temas que me interesaban desde pequeño, tenía tiempo de leer, de buscar en internet, de revisar conceptos y conocer teorías, me volví un autodidacta, aprendí más que en cualquier otro periodo de mi vida, pasé por todas las filosofías existenciales, incluso me puse como blanco de bromas pesadas, pero no me importaba porque tenía que recorrer esas filosofías para terminar de construir la mía propia, la que había dejado pendiente muchos años antes porque la vida en ese momento me exigía ser adulto ya que la situación no me daba otra opción, así que a mis más de treinta y pico de años, recién terminé de conocerme y de armar una filosofía de vida acorde a mi disruptivo ser.

Yo veía como mis amigos y gente que conocía, muchos contemporáneos otros incluso bastante menores, parecía que tenían todo tan claro, tan medido, ya tenían casa, auto, viajes, lujos, ropa de marca, en fin, podían darse el lujo de hacer gastos que yo no podía, comencé a cuestionarme si mi vida estaba bien encaminada, era en ese momento que sonreía porque el sólo hecho de pensar que tenía los miércoles, para ver a mis amigos queridos, que podía volver a mi casa caminando, algo más de 10 kilómetros cada vez que me tocaba salir al centro, pensar que los sábados podía cocinarle algo a mi hija en lugar de comprarle comida hecha, pensar que podía conversar con mi mamá, para ese entonces mis abuelos ya se habían ido, me hacía sentir que yo no estaba equivocado, que los equivocados eran ellos.

Seguía buscando mi lugar en el mundo, alguien a quien quiero mucho y es muy especial para mí, me dijo una vez, que debo aprender a encontrar mi lugar en el mundo, así que seguí buscando, aprendí a controlar y medir mis recursos, empecé a hacer más con menos, la vida me dio un perro al que amo con todo mi corazón él llegó a mi vida y todo lo malo, esos seres del inframundo que muchas veces te llenan de negativismo, fueron espantados por él, se convirtió en mi guardián, lo mejor de todo solo pide caricias, algo de agua y sus galletas, pasear con él por unos minutos en el día cerca de donde vivo, me permite poner la mente en blanco y encontrar las soluciones a mis problemas, esas pequeñas caminatas, 2  al día son algo que no tiene precio.

Seguramente tenía que aprender muchas cosas y la vida poco a poco me empezó a conducir a mejores lugares y podía generar más ingresos, no sé si fue Bruno (mi perro) el que atrajo todo lo bueno o aprendí lo que tenía que aprender y la vida me puso en el camino correcto, al final qué más da, las cosas comenzaron a tomar forma.

Esos movimientos ondulantes que tiene la vida, me acercaron nuevamente a mi hija y comencé a ver cómo ella empezaba a convertirse en una artista, ese proceso mágico de transformación lo mismo que su primera palabra no podía perdérmelos por nada del mundo.

Escribí un libro, del cual tengo la certeza que, aunque sean sólo dos personas que sé que lo han leído en su totalidad, es más que suficiente para haber dejado algo de mí que va perdurar incluso cuando ya no esté aquí.

Seguí buscando pasar el mayor tiempo posible en casa y al mismo tiempo cumplir con mis obligaciones, y tanto va el cántaro a la fuente que se rompe, al fin conseguí el ingreso perfecto que no sólo me permitiría seguir en casa, sino, hacer varias de las cosas que tenía pendientes, no sólo no me había perdido de los mejores acontecimientos de la vida, sino que ahora podía hacer varias cosas que las personas que mi edad podían hacer, claro falta todavía pero a quién le importa si las hago hoy o dentro de un año, el simple hecho es que las haré sin haberme perdido nada, es el mayor logro y emoción que siento en este momento.

La vida me ha dado la oportunidad de convertir a simples conocidos en grandes amigos y a grandes amigos en personas que ya ni conozco, pero las historias y la experiencia eso ha perdurado todo este tiempo.

El transcurrir del tiempo nos ha traído a este 2020, donde un virus muestra la fragilidad humana, saca lo peor de mucha gente y lo mejor de otra, los ha devuelto a sus hogares, a sus casas, esos lugares por los que trabajaron tanto para comprar o construir y en el cuál pasan tan poco tiempo porque no conocen otra vida que no sea estar en la calle y en sus actividades, eso es lo que ahora la gente añora, salir porque estar ahí en ese lugar que tanto les costó, tal vez no les hace felices.

En la soledad de sus casas y durante esas pausas de ver a sus hijos o a sus parejas el día entero, a muchos les hará cuestionar si escogieron bien, si supieron elegir con el corazón a quién les acompaña o si lo hicieron por sus preceptos, por su comodidad, por su círculo social, por el dinero o si directamente la gente les eligió a sus parejas, será en estos tiempos de CORONA VIRUS, que verán si su amor es a prueba de todo o si simplemente viven una vida vacía y ficticia que sólo se ve inundada y alegre por la vida que sus hijos le inyectan a sus días.

Algunos seguramente que tienen el corazón roto, o dejaron a su amor en algún lugar para avanzar, porque era más fácil avanzar con alguien de su círculo, que amar de verdad, en algún momento se preguntarán por esa persona o la recordarán, seguramente casi siempre con nostalgia, con algo de arrepentimiento, con amor y tristeza o mirarán en la habitación contigua y dirán escogí ¡bien!

Seguramente se dieron y se darán situaciones que no se hubieran dado si no estuviéramos en los tiempos del CORONA VIRUS, después en algún tiempo más las personas mirarán retrospectivamente, y llegarán a decirse a sí mismos:

  • Compré demasiado papel higiénico, esto sólo me sirvió para entender que soy una persona que no sabe responder ante una emergencia y que tener papel higiénico me hace sentir seguro, soy presa de los fetiches para sentir que vivo y que estoy bien y seguro en mi mundo, jamás entenderé la vida si no es a través de un objeto material, no sé disfrutar del mundo.
  • Compré demasiadas mascarillas sin saber que su uso es de tiempo limitado y no recomendado para todos ni en todos los casos, eso significa que si un día una persona saca al mercado un clavo para sentarse y se pone de moda seré capaz de pincharme el trasero sólo porque es la tendencia, vivo preso de modas y tendencias, no investigo ni aprendo sobre la utilidad de las cosas, simplemente las consumo porque sé que es lo que hay que consumir, y ni si quiera lo sé de una fuente adecuada, vivo de lo que la gente dice y hace.
  • Me sobró tanto alcohol en gel que muchos envases que no estaban en óptimas condiciones, dejaron evaporarse el alcohol y ahora ya no sirve, hago gastos y compras innecesarias y soy capaz de botar cosas antes que permitirles a las demás personas que no tienen, poder hacerse de algo y así, la torta la compartimos entre todos, pero mi minúsculo y egoísta cerebro, me lleva a echar no sólo el alcohol en gel a la basura, sino, el dinero que podía haber servido para otras cosas o simplemente para darlo como donación a uno de esos cientos de lugares que tanta falta les hacen las donaciones.
  • Soy un miserable que aprovechó de la ignorancia, debilidad y estupidez de las personas para ganar el dinero de 3 meses en un solo día, soy un sinvergüenza que puedo jugar con la desesperación de la gente y puedo llegar a ser sádico y si encuentro placer en ello podría hacer sufrir a cualquiera y aprovecharme de eso sólo porque la naturaleza no me dio ni un ápice de empatía, solidaridad y honestidad.
  • Soy una persona llena de odio por la raza humana que puedo ser capaz de quemar viva a otra, solo porque mi ignorancia es tanta, que en lugar de ser solidario y ayudar sólo hago escándalo y reclamo de todo y de nada y puedo decir mis más profundos y bajos sentimientos sin que nadie me diga nada y si mañana le pasa algo a mi casa estaré llorando por la colaboración olvidándome que juré quemar viva a una persona solo por tener un virus que puede curarse.
  • Seguramente habrá otros que tendrán un camino tan enredado rumbo al infierno o de hecho su vida actual es un infierno, que decidieron bloquear y negar atención a un ser humano y pusieron en más peligro a las personas que ningún virus por sí mismo.
  • Habrá seguro un ser humano que el destino se encargará de cobrarle el hecho de haber dado una fiesta sabiendo que estaba enferma, queriendo contagiar a la gente de forma artera, inescrupulosa, sin una pisca de bondad ni de sencillez en su corazón, seguro lo que le espera tendrá el mismo tinte, de eso no tengo duda.
  • Seguramente habrá personas que saldrán preguntándose si escogieron bien a su pareja y si la vida que llevan es realmente la que quieren, la que esperaban y posiblemente saldrán con la necesidad de replantearse y de transformar sus vidas.
  • Otras personas saldrán corriendo y no habrán aprendido nada, ni descubierto nada nuevo, ni hecho nada durante la cuarentena, seguirán siendo seres sin ganas de trascender ni de ser recordados por lo que pudieron haber sido.
  • Otras personas seguro saldrán y lo primero que hagan será abrazar fuerte a quienes no tuvieron la oportunidad de ver durante ese tiempo y sentir la alegría de verlos nuevamente y entenderán la importancia en sus vidas de cada una de las personas que las rodea y la fragilidad de la vida y que ningún objeto puede competir con un buen recuerdo o una nueva historia para escribirse.
  • Habrá los que les sirva para entender y ver la vida con ojos nuevos y luego querrán que sus días transcurran más en casa, viendo el día a día de su familia, compartiendo cada segundo y entenderán el valor de lo que han formado con esas personas a las que llaman familia.

Podemos decir que un ser humano cuya vida cotidiana es más parecida a la cuarentena y sus salidas son esporádicas y marcadas, ha disfrutado mucho más de momentos especiales que la gente que cree que lo tiene todo y que ha probado de todo, menos de saber amar y saber identificar qué es lo que realmente importa.

Podemos decir que un virus lo mismo que un desastre natural o el mayor asteroide o meteoro que pueda caer en la tierra, no le importa si tienes mucho dinero o no, o si sólo tienes 2 pantalones que debes cambiar a lo largo de todo el mes, realmente la fragilidad de la vida es para todos.

Y el amor en los tiempos del CORONA VIRUS, nos ha desnudado muchas cosas malas que tenemos como raza humana, pero también ha creado oportunidades para que podamos entender el amor y su verdadero significado, las cosas más simples siempre son las mejores y que nada en esta vida se va contigo, sólo tu historia, tus recuerdos y las huellas que has dejado en los corazones de quienes te rodean.